Mi reino no es de este mundo

por | Feb 8, 2026 | Identidad, Intimidad | 0 Comentarios

Jesús lo dijo con total claridad: su Reino no es terrenal. No nace aquí, no opera bajo los sistemas humanos, y no se mide con los mismos criterios con los que el mundo mide el éxito. Este mensaje es una sacudida necesaria para volver a poner el corazón en su lugar: no para dejar de disfrutar la vida, sino para no vivir olvidando la eternidad. Porque muchas veces, sin darnos cuenta, terminamos invirtiendo más en “la maleta” que en “el destino”. Y cuando Jesús gobierna de verdad, cambia lo que perseguimos, lo que priorizamos y hasta la manera en que interpretamos nuestras bendiciones.

Preguntas que responde este artículo

  • ¿Qué quiso decir Jesús cuando afirmó: “Mi reino no es de este mundo”?
  • ¿Cómo se mide el éxito con criterios eternos y no solo terrenales?
  • ¿Por qué el problema no es disfrutar la tierra, sino olvidarnos del cielo?
  • ¿Qué significa “buscar primeramente el reino de Dios” en la práctica?
  • ¿Cómo evitar convertir bendiciones en ídolos y vivir con prioridades correctas?

“¿Eres tú el Rey de los judíos?”

Pilato necesitaba saber si Jesús era una amenaza. Si era rebelde, revolucionario, si estaba buscando un trono político. Por eso la pregunta era directa: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”.

Y Jesús respondió con una frase que, si la entendiéramos de verdad, nos cambiaría la vida:

Juan 18:36 (RVR / NTV)
Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo TERRENAL; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí

Jesús no estaba negando su realeza. Estaba definiendo el origen y la naturaleza de su Reino: no es de aquí. No se origina aquí. No funciona bajo las reglas de aquí.

Y si nosotros hemos creído en Él, entonces tenemos que aceptar una realidad inevitable: estamos de paso. Hay un destino final, y no es precisamente esta tierra. Gracias a Jesucristo podemos acceder a una eternidad.

1 Timoteo 6:7 (RVR 1960)
Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

La pregunta es: ¿somos realmente conscientes de esa eternidad? ¿Entendemos lo que significa nuestro paso por la tierra?


La maleta y el destino

Quiero que lo supongamos con una analogía simple: imagina que te vas de viaje por una semana. Nadie empaca toda la casa para un viaje corto. Empacas solo lo necesario. Sería absurdo llenar maletas para un lugar donde no te vas a quedar.

Uno empaca según el destino: si es calor o frío, playa o montaña. Empacamos con criterios.

Entonces la pregunta es inevitable:

Si el Señor midiera tu vida con criterios eternos, ¿serías exitoso… o estarías en bancarrota?

Porque cuando Jesús dice: “Mi reino no es terrenal”, está diciendo que su Reino no funciona bajo sistemas humanos. Y sus seguidores son ciudadanos de ese Reino. Todo ciudadano vive bajo la cultura de su país y bajo sus leyes. Por lo tanto, los criterios con los que somos medidos no son los mismos criterios con los que el mundo mide.

Si fuéramos realmente conscientes de nuestra eternidad y de nuestra identidad, entenderíamos que nuestro cristianismo no puede tener fines netamente terrenales. Entenderíamos que la eternidad se construye ahora. El Reino está presente. El Reino no empieza cuando nos morimos: empieza cuando Dios empieza a gobernar tu vida.


El éxito aquí no es el éxito allá

Aquí en la tierra el éxito se mide diferente: te aplauden por cuánto ganas, qué carro manejas, cuántos títulos tienes, cuántas propiedades compras. Pero déjame decirte algo: en el cielo no preguntan nada de eso.

En muchas ocasiones estamos invirtiendo más en la maleta que en el destino.

1 Timoteo 6:7 (RVR 1960)
Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

Si hoy tu vida terminara y mañana estuvieras delante del Señor, Él no te va a preguntar cuántos carros tuviste, cuántos viajes hiciste, cuánto dinero ganaste.

Y este principio aparece de manera muy confrontante en la Escritura:

Hageo 1:6-9 (NTV)
Han sembrado mucho pero cosechado poco; comen pero no quedan satisfechos; beben pero aún tienen sed; se abrigan pero todavía tienen frío. Sus salarios desaparecen, ¡como si los echaran en bolsillos llenos de agujeros!». Esto es lo que dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: «¡Miren lo que les está pasando! Vayan ahora a los montes, traigan madera y reconstruyan mi casa. Entonces me complaceré en ella y me sentiré honrado, dice el Señor. Esperaban cosechas abundantes, pero fueron pobres; y cuando trajeron la cosecha a su casa, yo la hice desaparecer con un soplo. ¿Por qué? Porque mi casa está en ruinas, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, mientras ustedes se ocupan de construir sus elegantes casas.

El problema no es disfrutar la tierra. El problema es olvidarnos del cielo.


Prioridades en orden

Tener prioridades desordenadas significa olvidarnos de lo más importante: asegurarnos de hacer sonreír a Dios. Y cuando eso ocurre, sucede lo que Jesús prometió: Dios se encarga de lo nuestro.

Mateo 6:33 (RVR 1960)
Más buscas primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas!

Repito: el problema no es querer disfrutar la tierra; el problema es cuando ponemos nuestros deseos terrenales por encima de nuestras responsabilidades espirituales.

Por ejemplo: como familia llevamos casi 10 años sin faltar un solo domingo a la iglesia. Recuerdo unas vacaciones en Mariquita donde no concebíamos no congregarnos, porque ya hacía parte de nuestro estilo de vida. Ya era cultura del Reino. Buscamos una iglesia y conocimos a JUCUM. Y si hemos faltado, ha sido por servir. Dios nos ha bendecido. Son leyes espirituales.

Incluso el pastor Andrés Corson contaba que su mamá podía pagarles todo, pero no iban a negociar un domingo sin iglesia.

Porque “buscar primeramente el reino” no es teoría: es cultura.


La iglesia como expresión visible del Reino

El orden del mundo suele poner a Dios como un accesorio. Pero Jesús nos llama a un orden diferente.

Lucas 14:26 (NTV)
Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás —a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sí, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discípulo.

No se trata de aborrecer literalmente, sino de prioridades. Jesús no está enseñando desprecio, está enseñando orden.

Mateo 16:25-26 (NTV)
Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma? ¿Hay algo que valga más que tu alma?

Mateo 19:29-30 (NTV)
Y todo el que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o bienes por mi causa recibirá cien veces más a cambio y heredará la vida eterna. Pero muchos que ahora son los más importantes en ese día serán los menos importantes, y aquellos que ahora parecen menos importantes en ese día serán los más importantes.

Dicho de forma simple: hay gente que aquí parece tenerlo todo, pero allá llega en ceros. Y otros que aquí parecían no tener nada, pero en la eternidad están llenos de tesoros.

Mateo 6:19-21 (NTV)
No almacenes tesoros aquí en la tierra… Almacena tus tesoros en el cielo… Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.

Entonces vuelvo a preguntar: ¿estamos teniendo éxito… o solo resultados terrenales?


Estamos viviendo en un sistema al que no pertenecemos

Si somos ciudadanos del Reino, entonces:

  • nuestra prioridad no puede ser solo terrenal,
  • nuestro éxito no puede medirse como el mundo lo mide,
  • nuestra identidad no depende de posesiones,
  • nuestra inversión principal debe ser eterna.

No podemos seguir viviendo inconscientemente. Nos preocupamos por la comida, por ascender, por viajar… pero Jesús nos recuerda:

Mateo 6:33 (RVR 1960)
Más buscas primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas!


La eternidad no es solo futuro

Necesitamos dejar de pensar en la eternidad como algo netamente futuro. La eternidad y el Reino empiezan cuando le permitimos a Dios gobernar nuestra vida. Cuando entendemos cuáles son los criterios del destino. Cuando sabemos qué debemos empacar para ese viaje.


¿Cómo hacer del Reino nuestra prioridad?

En casa, cuando alguien ha tenido días tristes o raros, es común que surja la pregunta: “¿ya hiciste tu devocional?”, “¿ya oraste?”. No son preguntas religiosas: son recordatorios de prioridad. ¿Ya hiciste primero lo de Dios?

Y esto conecta con una realidad fuerte: vivimos acomodando la fe alrededor de la vida, cuando deberíamos organizar la vida alrededor de la fe.

Muchos, al vivir bajo la gracia, se dan permisos que no deberían darse. Y el resultado es que cualquier excusa se vuelve suficiente para descuidar lo eterno.

Jeremías 2:13 (NTV)
“Pues mi pueblo ha cometido dos maldades: me ha abandonado a mí —la fuente de agua viva— y ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua!

Por eso, primero lo primero.

Y esto no es solo dinero: es primicias. Primicias del tiempo, del corazón, de las prioridades. Porque a veces le damos a Dios lo que sobra: “si alcanzo hago devocional”, “si alcanzo voy”, “si alcanzo oro”.


Cuidado con convertir bendiciones en ídolos

También necesitamos preguntarnos: ¿cómo puedo usar mi carrera, mi matrimonio, mis amistades, mi dinero y mis dones para el Reino de Dios?

Porque muchas veces nos centramos en el oficio y olvidamos el propósito. David tenía claro su oficio, pero más claro su propósito.

2 Samuel 23:1 (NVI)
Estas son las últimas palabras de David: «Mensaje de David, hijo de Isaí, dulce cantor de Israel; hombre exaltado por el Altísimo y ungido por el Dios de Jacob.

Y cuidado: incluso un milagro puede convertirse en ídolo. Abraham hizo de Isaac un centro tan grande que Dios tuvo que confrontarlo.

Génesis 22:2 (NTV)
Toma a tu hijo, tu único hijo —sí, a Isaac, a quien tanto amas— y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada…

Génesis 22:9-12 (NTV)
Cuando llegaron al lugar indicado por Dios, Abraham construyó un altar…
…—¡No pongas tu mano sobre el muchacho! …porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo.

Génesis 22:16-18 (NTV)
…ciertamente te bendeciré. Multiplicaré tu descendencia… y mediante tu descendencia, todas las naciones de la tierra serán bendecidas. Todo eso, porque me has obedecido.

¿Cuál es el Isaac en tu vida? Si no nos basta con el Señor, que no nos sorprenda la poda.


Lo que hacemos para la eternidad es lo que realmente cuenta

2 Timoteo 4:7-8 (NTV)
He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel. Ahora me espera el premio, la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me dará el día de su regreso; y el premio no es solo para mí, sino para todos los que esperan con anhelo su venida.

1 Corintios 3:12-15 (NTV)
El que edifique sobre este fundamento podrá usar una variedad de materiales…
…el día del juicio, el fuego revelará la clase de obra…
…Si la obra permanece, ese constructor recibirá una recompensa…
…si la obra se consume, el constructor sufrirá una gran pérdida…

Por eso son tan importantes las cosas que hacemos para la eternidad. Hay cosas que hoy parecen importantes, pero son heno, paja y madera. El fuego las consumirá.

Y esos tesoros eternos se expresan en realidades concretas:

  • las personas a las que les hemos predicado,
  • nuestro servicio en la iglesia,
  • lo que hemos sufrido por la causa de Cristo,
  • nuestras obras y acciones,
  • cómo administramos los dones y recursos confiados,
  • lo que hacemos por los más pequeños y necesitados.

Hebreos 6:10 (NTV)
Pues Dios no es injusto. No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor por él sirviendo a otros creyentes como todavía lo hacen.

Hebreos 11:26 (NTV)
Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo que poseer los tesoros de Egipto…

Lucas 6:22-23 (NTV)
Qué bendiciones les esperan cuando la gente los odie… porque les espera una gran recompensa en el cielo…

Mateo 16:27 (NTV)
Pues el Hijo del Hombre vendrá… y juzgará a cada persona de acuerdo con sus acciones.

Lucas 19:17 (NTV)
“¡Bien hecho! …Has sido fiel con lo poco que te confié…”

Mateo 10:42 (NTV)
“Y si le dan siquiera un vaso de agua fresca… les aseguro que recibirán una recompensa

Mateo 20:21 (NTV)
…vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme.


Una cierre confrontador

Mi reino no es de este mundo. Eso significa que nuestra vida no puede reducirse a resultados terrenales. Tenemos ciudadanía eterna. Estamos viviendo en un sistema al que no pertenecemos.

Así que la pregunta vuelve con fuerza:

¿Estamos teniendo éxito… o solo resultados terrenales?

Porque lo eterno no empieza cuando nos morimos. Lo eterno empieza cuando Dios gobierna. Y cuando Dios gobierna, el orden cambia, el corazón se alinea y la vida deja de ser una carrera por aplausos… para convertirse en una construcción con propósito eterno.