Hoy, 1 de febrero de 2026, después de haber hablado durante semanas acerca de sueños, metas, planes y las formas de alcanzarlos —y luego de concluir que el dominio propio es una pieza clave del proceso—, Dios nos lleva a poner las cosas en perspectiva. No para desanimarnos, sino para ordenarnos. No para detenernos, sino para ayudarnos a avanzar de la manera correcta.
Este mensaje nace desde una experiencia profundamente personal, pero apunta a una verdad universal: el verdadero balance de la vida no se define por lo que hacemos, sino por el orden interno con el que vivimos. Dios no nos llama simplemente a lograr cosas, sino a cuidar aquello que somos mientras avanzamos hacia ellas.
Preguntas que responde este artículo
- ¿Qué entiende Dios por verdadero balance en la vida cristiana?
- ¿Por qué el orden espíritu–alma–cuerpo es fundamental?
- ¿Qué sucede cuando priorizamos lo externo sobre lo interno?
- ¿Cómo se manifiesta un desequilibrio espiritual, emocional y físico?
- ¿Qué papel juega nuestra vida espiritual en el equilibrio integral?
Poner la vida en perspectiva
El año pasado, como muchos saben, el domingo 5 de octubre viví una experiencia fuerte de vida. Todo comenzó la noche del 4 de octubre, cuando al ver un mensaje en mi celular escuché una frase que me sacudió profundamente: “Tú no eres indispensable”. Esa frase me inquietó tanto que apagué el celular y me acosté. Horas después, a las dos de la mañana, viví una situación que me hizo sentir más cerca de la muerte que nunca antes.
Hoy, en medio de una temporada muy especial como familia pastoral, estamos viviendo un tiempo maravilloso con el Señor. Un tiempo de búsqueda intencional, de trabajo consciente en cuerpo, alma y espíritu. En ese contexto, una mañana en el gimnasio, decidí escuchar una prédica que Dios usó para hablar de manera muy fuerte a mi corazón.
Una ilustración que confronta
El mensaje recordaba un famoso discurso de Bryan Dyson, CEO de Coca-Cola entre 1986 y 1991. Luego de más de 35 años en la compañía, Dyson resumió su aprendizaje de vida con una ilustración sencilla pero poderosa.
Invitó a imaginar la vida como si fuéramos un malabarista intentando mantener en el aire cinco esferas: trabajo, familia, salud, amistades y vida espiritual. Vivimos asignando una fracción de nuestro tiempo a cada una de ellas, buscando equilibrio, intentando no dejar caer ninguna.
Y aunque esto parece una buena idea, Dyson señaló algo revelador: la esfera del trabajo es de goma; si cae, rebota. Pero las demás esferas —familia, salud, amistades y vida espiritual— son de cristal. Si caen, pueden quebrarse.
Esta reflexión tocó profundamente mi corazón, porque mi experiencia de salud fue, en esencia, el resultado de un desbalance prolongado, provocado por el estrés y la falta de orden interno.
El balance según Dios comienza por dentro
En medio de esta búsqueda personal, surgió una pregunta clave: ¿cómo entiende Dios el balance en la vida humana?. Y la respuesta es clara desde la Escritura.
1 Tesalonicenses 5:23 (RVR 1960)
23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Este versículo nos muestra el principio más poderoso de balance para un cristiano: somos seres tripartitos. Espíritu, alma y cuerpo. Y no solo eso: el orden importa.
Primero yo… en el orden correcto
Vivimos en una sociedad que suele medir el balance según lo externo. Estudiar, especializarse, casarse bien, tener hijos exitosos, comprar casa, carro, una finca, viajar. Todo eso ocupa gran parte de nuestra atención y de nuestras preocupaciones. Pero, aunque son bendiciones, no son lo que somos, sino el fruto de algo más profundo.
Por eso, el primer principio es PRIMERO YO, pero en el orden que Dios establece.
Espíritu: el componente principal
A la luz del Creador, la etiqueta del diseño humano es clara: priorizar el mantenimiento espiritual.
Éxodo 20:2–3 (NVI)
2 «Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo.
3 »No tengas otros dioses además de mí.
Mateo 22:36–38 (NVI)
36 —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?
37 —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” —respondió Jesús—.
38 Este es el primero y el más importante de los mandamientos.
Amar a Dios sobre todas las cosas no es un concepto abstracto; es una decisión diaria de prioridad.
1 Juan 2:15–16 (RVR 1960)
15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo…
16 Porque todo lo que hay en el mundo… no proviene del Padre, sino del mundo.
Mateo 10:37 (RVR 1960)
37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí…
Vivir en el Espíritu implica alimentarnos de Dios.
Mateo 4:4 (RVR 1960)
No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mateo 6:33 (RVR 1960)
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Colosenses 3:2 (RVR 1960)
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Esto se expresa en una relación auténtica y no religiosa: oración, Palabra, alabanza, ayuno y vida en la Iglesia.
Salmos 92:13 (RVR 1960)
Plantados en la casa de Jehová,
En los atrios de nuestro Dios florecerán.
Alma: emociones, mente y voluntad
El segundo componente del balance es el alma, donde residen nuestras emociones, pensamientos, decisiones, deseos y vínculos.
Cuando el espíritu es priorizado, el alma es moldeada a nuestro favor.
Gálatas 5:22–23 (RVR 1960)
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza…
Muchos conflictos emocionales —heridas, rabia, inseguridad, baja autoestima, ansiedad o depresión— pueden ser mitigados cuando este orden es respetado.
Mateo 16:26 (RVR 1960)
26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
Cuerpo: el estuche visible
Finalmente, el cuerpo. No es malo ni irrelevante espiritualmente. Es el instrumento visible de lo que gobierna dentro.
Romanos 6:12–13 (RVR 1960)
12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal…
13 …presentaos vosotros mismos a Dios como instrumentos de justicia.
Un espíritu débil deja al cuerpo y a las emociones gobernar la vida.
Romanos 7:14 (NTV)
14 …el problema está en mí, porque soy demasiado humano, un esclavo del pecado.
1 Corintios 6:19 (RVR 1960)
¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…?
2 Corintios 4:7 (NVI)
7 Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros.
El cuerpo es solo el estuche. El verdadero tesoro está dentro.
Y poner la vida en balance, según Dios, es reconocer ese tesoro y ordenar todo alrededor de él.


