El desierto como antesala del propósito de Dios
Para comprender de manera correcta cómo Dios obra en nuestras vidas, es necesario mirar con atención los procesos que Él permitió en hombres clave de la Biblia. Lejos de ser caminos rápidos o sencillos, sus historias revelan una verdad profunda: antes de cumplir Su propósito, Dios forma el carácter; antes de exaltar, trabaja en lo secreto; y antes de llevarnos al destino, nos conduce por el desierto. Al revisar la vida de José, Moisés y David, encontramos un patrón espiritual que sigue vigente hoy.
Preguntas que responde este artículo
- ¿Por qué Dios permite procesos largos antes de cumplir Su propósito?
- ¿Qué función cumple el desierto en la formación espiritual?
- ¿Qué similitudes existen entre los procesos de José, Moisés y David?
- ¿Cómo identificar en qué etapa del proceso personal me encuentro?
- ¿Por qué avanzar en el plan de Dios es una decisión personal?
José: sueños sembrados por Dios, formados en el desierto
La Biblia nos muestra a José como un joven consentido y privilegiado dentro de su familia, especialmente por su padre Jacob. Se nos presenta como un muchacho soñador y visionario, pero no solo por el hecho de tener sueños, sino porque creía profundamente en ellos. Una cosa es soñar y otra muy distinta es creer que esos sueños provienen de Dios, y ese era precisamente el caso de José.
Por esa razón, cuando compartía lo que Dios había sembrado en su corazón, provocaba una profunda ira en sus hermanos. Sin embargo, así como los sueños fueron dados por Dios, el camino para verlos cumplidos sería completamente distinto: serían caminos de desierto.
En la vida de José ocurrieron los siguientes acontecimientos:
- Fue vendido por sus hermanos.
- Fue esclavo en la casa de Potifar.
- Fue administrador de la casa de Potifar.
- Fue preso en Egipto.
- Fue el segundo hombre más poderoso de Egipto después de Faraón.
Fueron necesarios 13 años de proceso en la vida de José, desde el momento en que fue vendido por sus hermanos hasta el día en que fue nombrado por Faraón. Dios estaba formando su carácter antes de entregarle autoridad.
Moisés: del palacio al desierto, y del desierto al llamado
Al analizar una historia que hemos revisado en varias ocasiones en nuestra iglesia, vemos que el pueblo de Israel llevaba más de 400 años habitando en la tierra de Egipto. De esos años, aproximadamente los últimos 100 estuvieron marcados por esclavitud y opresión. En medio de esa realidad, el pueblo clamó al Señor.
La respuesta de Dios fue Moisés.
Pero no fue el Moisés niño mimado en la casa de Faraón. Fue un Moisés formado en el desierto, transformado por Dios.
Moisés fue llevado a Madián, una tierra ubicada en medio del desierto.
Hechos 7:29-30 (RVR 1960)
29 Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza.
Fueron necesarios 40 años de Moisés en el desierto, 40 años para moldear nuevamente sus creencias y prepararlo para recibir el llamado de Dios.
De príncipe con autoridad pasó a ser pastor, totalmente dependiente:
- del clima,
- del terreno,
- del rebaño.
Necesitó pasar 40 años cuidando ovejas:
- lentas,
- torpes,
- repetitivas.
Solo después de ese tiempo pudo asumir un llamado celestial.
David: formado en el anonimato antes del reino
La Biblia nos presenta a David no como un joven privilegiado, sino como un joven invisible.
Mientras José fue consentido y Moisés fue criado como príncipe, David fue olvidado. Era el menor de sus hermanos y no fue considerado digno ni siquiera de estar presente cuando el profeta Samuel llegó a ungir al próximo rey.
1 Samuel 16:11 (NVI)
11 ¿Son éstos todos tus hijos?
—Queda el más pequeño —respondió Isaí—, pero está cuidando el rebaño.
—Manda a buscarlo —insistió Samuel—, que no podemos continuar hasta que él llegue.
Un joven con corazón, no con posición
David no es presentado primero como guerrero ni como rey, sino como:
- pastor,
- músico,
- adorador,
alguien que desarrolló intimidad con Dios en la soledad.
1 Samuel 16:7 (NVI)
7 Pero el Señor dijo a Samuel:
—No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.
David no fue ungido por lo que hacía, sino por quién estaba llegando a ser en secreto.
- Fue ungido siendo muy joven (probablemente entre 15 y 17 años).
- Comenzó a reinar a los 30 años.
- Su proceso duró aproximadamente entre 13 y 15 años.
Durante ese tiempo tuvo que atravesar su propio desierto:
- El rechazo de su familia.
- Vivir en el anonimato a pesar de la unción.
- Enfrentar gigantes como Goliat.
- Pasar de pastor a héroe militar.
- Ser perseguido injustamente.
El patrón del propósito de Dios
Así como ocurrió con estos hombres, el plan de Dios para muchos de nosotros también atraviesa tres etapas:
- José: soñador → esclavo → gobernador
- Moisés: príncipe → pastor → libertador
- David: pastor → guerrero probado → rey
- Daniel: joven noble → cautivo probado → gobernador de Babilonia
- Pablo: fariseo reconocido → transformado → apóstol
- Mateo: recaudador rechazado → renunciante → evangelista
Cada uno de ellos pudo haberse quedado únicamente en su etapa inicial, y eso habría estado bien para algunos. Sin embargo, Dios los llevó a su propio desierto, porque era necesario estar allí, atravesar tiempos de dependencia total del Señor, formación y transformación.
¿En qué etapa estás tú?
Es necesario que cada uno de nosotros se ubique con honestidad en alguna fase de su propio proceso:
Diapositiva 1
- Puedes estar en tu fase inicial.
- Puedes estar viviendo tu proceso de transformación.
- Estás viviendo el plan de Dios.
Cualquiera de las tres etapas requiere muchísimo de nuestra parte. Ninguna de ellas representa el destino final, porque nuestro destino es la eternidad.
Filipenses 3:12-14 (NVI)
12 No es que ya lo haya conseguido todo o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.
13 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante,
14 sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.
Avanzar es una decisión. Requiere esfuerzo, vigilancia y determinación personal.
Mateo 26:41 (RVR 1960)
41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
Un llamado urgente para este tiempo
Recordemos algo en lo que Dios hizo mucho énfasis el año pasado en Río de SION.
Dios no habló a una iglesia llena de pecadores evidentes, sino a una iglesia que posiblemente se había acomodado, tranquila y disfrutando de la bendición.
Mateo 24:38 (RVR 1960) – Palabras de Jesús
Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,
La palabra que Dios nos entrega para este nuevo año no es una promesa, no es solo esperanza: es un llamado.
Isaías 43:19 (NVI)
19 ¡Voy a hacer algo nuevo!
Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto
y ríos en lugares desolados.
Ya está sucediendo.
Este es tu tiempo.
Este es el momento.
Este es el año.
¿No se dan cuenta?
Porque puede pasar que no lo notemos, pero el día llegará, tal como llegó el novio en la noche de bodas.
Mateo 25:1-13 (RVR 1960)
25 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.
2 Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.
3 Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
4 mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.
5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.
6 Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!
7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.
8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
9 Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.
10 Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
11 Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!
12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.tras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!
12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.


