Revelando el camino

por | Ene 11, 2026 | Fruto | 0 Comentarios

Cada inicio de año viene acompañado de compromisos personales: crecer, mejorar, avanzar, llegar a nuevos niveles. Nadie quiere terminar el año exactamente en el mismo lugar en el que empezó, y mucho menos cuando ese lugar es el mismo de hace un año… o incluso un poco más abajo. En el fondo, todos anhelamos progreso, pero no solo llegar a algún lugar, sino llegar bien. Este mensaje nos confronta con una verdad clave: no basta con definir destinos; es indispensable caminar por el camino correcto.

Preguntas que responde este artículo

  • ¿Por qué no todos los caminos conducen al propósito de Dios?
  • ¿Cuál es la diferencia entre éxito y bendición?
  • ¿Qué significa realmente “buscar primeramente el Reino de Dios”?
  • ¿Por qué permanecer en Cristo es la clave para dar fruto?
  • ¿Qué nos impide permanecer y cómo vencerlo?

Definimos destinos, pero necesitamos el camino correcto

Al iniciar el año nos trazamos metas y hacemos compromisos con Dios y con nosotros mismos, porque sabemos que si fallamos no solo nos fallamos a nosotros, sino también a Él. Además, nuestras decisiones siempre generan un impacto colateral: esposa, hijos, familia, compañeros, amigos, iglesia.

En términos prácticos, definimos destinos. Marcamos puntos en el mapa de nuestra vida:

  • ¿Cómo me gustaría que fuera mi vida espiritual?
  • ¿Cómo quiero que sea mi matrimonio?
  • ¿Qué quiero para mis hijos?
  • ¿Cómo deseo que sea mi vida laboral?
  • ¿Qué viajes quiero realizar?
  • ¿Cómo quiero que esté mi salud?

Definir destinos es importante, pero hay una verdad que Dios nos reveló: no todos los caminos conducen a Roma. No cualquier camino nos lleva al lugar correcto, aunque el destino parezca bueno.

Proverbios 10:22 (RVR 1960)
La bendición de Jehová es la que enriquece,
Y no añade tristeza con ella.


El propósito de Dios nunca cobra un precio destructivo

La manera correcta de perseguir nuestros propósitos debe tener un énfasis claro en Dios. Cada plan que nos trazamos debería enriquecernos sin que el precio sea devastador. Dios no bendice de una manera que destruya otras áreas de nuestra vida.

Mateo 6:31-33 (RVR 1960)
31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Como iglesia, es nuestra responsabilidad insistir en este principio: buscar primeramente el Reino de Dios. Créeme, a nadie le interesa más que tus sueños se cumplan que a la Iglesia, porque cuando el cumplimiento obedece a este principio, el fruto se vuelve irresistible.

Proverbios 10:22 (RVR 1960)
La bendición de Jehová es la que enriquece,
Y no añade tristeza con ella.


El éxito sin Dios deja un sabor amargo

Muchos hemos visto hombres exitosos, prósperos, llenos de bienes y lujos, pero solos, sin familia, sin amigos, sin alguien con quien disfrutar lo que alcanzaron.

También conocemos mujeres hermosas y exitosas, pero con matrimonios fracturados, luchando por sostener una apariencia de hogar ejemplar, cuando al cerrar la puerta la realidad es completamente distinta.

Hemos escuchado de empresarios exitosos que batallan diariamente con la rebeldía, el desorden y las adicciones de sus hijos.

El problema no fue el destino, sino el camino que se utilizó para llegar allí.

“Buscar primeramente el Reino de Dios” no significa perderse la vida, ni vivir una existencia aburrida, limitada o solitaria.


La mentira que nos creímos

Muchos nos creímos la idea de que una relación con Dios implica perdernos de vivir:

  • Perdernos de tomar
  • Perdernos de fumar
  • Perdernos de tener relaciones
  • Perdernos de experimentar
  • Perdernos de disfrutar

Pero esa no es la verdad del Evangelio.

Juan 10:10 (RVR 1960)
10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Buscar el Reino no tiene nada que ver con escasez ni pobreza. Ese no es nuestro Dios.


La abundancia es parte del diseño de Dios

Proverbios 10:22 (RVR 1960)
La bendición de Jehová es la que enriquece,
Y no añade tristeza con ella.

Deuteronomio 8:18 (RVR 1960)
18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.

Salmo 66:12 (RVR 1960)
12 Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Y nos sacaste a abundancia.

Deuteronomio 28:11-12 (RVR 1960)
11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar.
12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.

El fruto de una relación con Dios jamás tiene que ver con pobreza, necesidad o escasez. De hecho, es nuestra responsabilidad que todo a nuestro alrededor florezca:

  • Relación con Dios
  • Matrimonio
  • Hijos
  • Casa
  • Finanzas

El fruto es el destino… pero la clave es la permanencia

Juan 15:1-2 (RVR 1960)
1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Ya hemos definido los destinos (el fruto), pero ahora necesitamos el mapa, la ruta específica. Y esa ruta se resume en una sola palabra.

Juan 15:3-11 (RVR 1960)
3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

La palabra permanecer aparece 10 veces.


Permanecer no es una visita, es una identidad

La palabra que Jesús usa es μένω (ménō), que significa:

  • quedarse
  • habitar
  • morar
  • mantenerse
  • continuar
  • no moverse de un lugar
  • permanecer unido

Jesús no dijo:

  • “Visítenme”
  • “Conéctense de vez en cuando”

Permanecer no es una acción ocasional, es un estado, una decisión permanente.

2 Corintios 5:17 (RVR 1960)
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

En el griego original, la idea no es simplemente estar en Cristo, sino SER en Cristo.

ei tis en Christō, kainē ktisis
“Si alguien ES en Cristo, nueva criatura es”.

Para ser, hay que permanecer.


El problema no es entender, es decidir

Romanos 12:2 (RVR 1960)
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Muchos entendieron esto como estar un rato con Dios:
un domingo, una prédica, un momento.

Pero permanecer es seguir el lunes, el martes, el miércoles…

La inspiración se pierde cuando no se le da continuidad.


¿Por qué nos cuesta permanecer?

“Pastor, me cuesta leer la Biblia.”
“No entiendo lo que leo.”
“No sé qué decir cuando oro.”
“No tengo tiempo.”
“Estoy muy ocupado.”

La clave está en lo que vimos la semana pasada: la intencionalidad y el fruto del Espíritu.

Gálatas 5:22-23 (RVR 1960)
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

La bandera de este año debe ser la templanza, el dominio propio.
Tomar el timón de nuestra vida, arrebatárselo a la distracción, al entretenimiento, al celular… y permanecer.

Porque el fruto no es casualidad.
Es consecuencia de permanecer.